Otrora una obra literaria inmortalizada por el mítico Homero, narra la aventura trágica de Ulises para volver a su reino, pasando por angustiantes travesías. Hoy, yo paso por una situación similar a la hora de ir a buscar servicios básicos por mi vecindario, donde la mano de Dios no llega…
Ha llegado la hora del almuerzo, lamentablemente no hay nadie más en casa, por lo que no se ha cocinado nada. No hay otra salida más que ir a comprar la comida en un restaurante. Opciones:
La esquina del tío Pepe, donde la comida es medio decente pero insalubre.
El chifa al frente de Pepe, me encanta el arroz chaufa pero acá lo dejan medio crudo y la sopa wantan es insípida.
El rincón culinario de doña María, sería la elección inmediata a no ser por sus elevados precios y casi decente sazón.
Nunca es una elección fácil y nunca te sentirás satisfecho de comer en alguno de estos lugares. Y llegada la noche se desbloquean un par de opciones más:
El local de Humberto, donde todos los taxistas y mototaxistas se reúnen para degustar un caldo de gallina particular: agua hervida pero ingredientes crudos servidos al instante.
La tía veneno, una mezcla de Humberto y el chifa, ubicada en la esquina más olvidada, donde la luz del sol nunca llega, una tierra de nadie en la que la ni la mano de Dios ni la del hombre tiene autoridad alguna… lo único bueno que puedes sacar de este lugar es un estómago de acero, si sobrevives al chifa radiactivo. Porque nadie con certeza lo que hay dentro de sus misteriosa cocina…

Otra desventura en Valdiviezo es la carencia de barberías. Cuando yo era un niño y era la hora de cortarme el cabello por normativa estudiantil, mi padre nos llevaba (a mi hermano y a mí) a un pequeño local en las afueras del mercado, cerca a la carretera central. En ella un honorable peluquero se encargaba de realizar el servicio, era uno de esos lugares donde los verdaderos hombres de antaño iban a cortarse el cabello, afeitarse y recibir una lustrada de zapatos.
Hoy en día, lugares como el anteriormente descrito ya casi no existen, solo quedan peluquerías unisex, a cargo de una aburrida señora o en su defecto, un homosexual confeso con los mechones pintadas como arco iris o con las greñas alborotadas como leona en celo, haciendo de las suyas en criaturas inocentes, un espectáculo desagradable...

Atrás quedaron los días donde uno iba donde un peluquero noble, fumador de pipa, líder de la jauría, quien afilaba sus navajas con una correa de cuero anexada al asiento del cliente. Mucho de este paradigma cambio tras fallecer el tío cucho, quien profesaba: “hombre que se peina con la raya al medio, es maricón, dalo por hecho”. Afortunadamente aún le queda un discípulo, esperemos que logre mantener los valores tradicionales de este noble oficio.
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